
Lo mejor que se ha visto de los Tigres del Licey en mucho tiempo fue a costa de lo peor que las Águilas Cibaeñas han puesto en escena en años en la pelota invernal dominicana.
En uno de los espectáculos ofensivos más humillantes que se han visto, el Licey masacró 16-2 a unas Águilas que jugaron como una sucursal de novicios en un partido a casa llena en el Estadio Quisqueya.
Timoniel Pérez bateó para el ciclo, Amaury Cazaña y José Bautista pegaron cuadrangulares soberbios, Erick Aybar remolcó cuatro carreras para conducir la masacre felina sobre los cibaeños, cuyas esperanzas de avanzar a la final se acercan a lo exiguo cada día más.
No hubo secreto alguno del pitcheo de los visitantes frente a los añiles.
Cada integrante de la alineación abridora del Licey disparó al menos un imparable, en un encuentro que a la altura del sexto episodio se encontraba 10-1.
Con un público azul que antes del partido solo hablaba del posible estacazo mortal que significaría una derrota para los amarillos, los pupilos de José Offerman no defraudaron a sus parroquianos y desde el mismo primer acto tomaron comando con una vuelta remolcada por Ronny Paulino.
Un par de vueltas más llegaron en el segundo cuando apareció el primero de dos errores de Víctor Díaz, esta vez con el batazo de José Bautista, quien después pasó a segunda con un descuido del propio Díaz cuando al parecer fue atrapado por el receptor Kelly Ramos, pero Díaz le quitó la vista al corredor cuando despegó hacia segunda, pensando que se había devuelto a la primera.
Llegó el sencillo de Bonifacio para remolcar a Bautista y luego el doble de Erick Aybar que llevó a la goma al veloz Bonifacio.
La cuarta fue el descomunal aldabonazo de Timoniel por el bosque derecho ante el abridor y perdedor Claudio Vargas.
Ese fue su primer hit de la noche. En el sexto vino el sencillo, en el séptimo el triple y en el octavo el doble para convertirse en el tercer jugador en los anales del Licey que logra la hazaña.
Silvestre Campusano fue el primero y el segundo Erick Aybar en la vuelta regular de este torneo en el famoso partido que los Tigres vencieron en 18 episodios a los Gigantes del Cibao en el Quisqueya.
Después de ahí vino el sexto de seis carreras que silenció definitivamente a los parciales amarillos y provocó una celebración incesante de los azules, extasiados como nunca del gozo que implica asestar un rudo golpe a quien ha sido su más enconado rival en los últimos años de batalla otoño invernal.
El séptimo y el octavo, donde se marcaron seis carreras que obligaron a hacer el traslado de humillación a masacre, fueron el escenario perfecto para el éxodo de los seguidores aguiluchos, víctimas del escarnio de los fanáticos bengaleses.
El logro de Timoniel
El jardinero, cuando se enteró de que solo estaba a ley de un doble para completar la hazaña, le había manifestado al dirigente José Offerman su intención de no salir del encuentro.
“Le dije al dirigente que no quería salir del juego, que quería seguir porque solo me faltaba un doble y gracias a Dios lo conseguí”, expresó Pérez a Mario Emilio Guerrero e Ildefonso Ureña luego de concluido el partido.
Ofensiva brutal y descuido amarillo
Anoche los maderos azules aprovecharon cada oportunidad para maltratar a las Águilas Cibaeñas.
Daniel Cabrera trabajó cinco buenas entradas y por segunda salida seguida dio al Licey una oportunidad genuina de salir por la puerta grande.
Fue un choque errático para los perdedores en todo el sentido de la palabra, ya que hasta un lanzador que no estaba en roster fue llamado a trabajar, en un descuido que no tuvo peores consecuencias porque los Tigres estaban arriba con una ventaja difícil de remontar.
En el séptimo, luego de las expulsiones en la entrada anterior de Edwin Encarnación por discutir bolas y strikes y del dirigente Félix Fermín, el derecho Rafael Cruz fue llamado a lanzar en sustitución de José Vargas para medirse a Erick Aybar.
Tras el primer envío a Erick, el dirigente José Offerman salió y protestó la entrada de Cruz sin estar en la nómina oficial y tras una espera de cinco minutos, Cruz tuvo que abandonar el encuentro y entró en su lugar Miguel Saladín.


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